viernes, 9 de agosto de 2013

A Popayán hay que mirarla y caminarla

Popayán es historia, pero historia viva gracias a tradiciones que sus pobladores han mantenido por siglos, pese a que la ciudad ha sido azotada por varios terremotos, el último de ellos el 31 de Marzo de 1981. La arquitectura de la ciudad permanece intacta.

Pero si fuera necesario extender mi descripción, diría que Popayán es una ciudad armoniosa. Su clima es templado, no hace demasiado frío, ni demasiado calor; es una ciudad que no es ni grande ni pequeña; es una ciudad calmada pero no tanto como para aburrirse. Sus gentes son cultas y reservadas, sin llegar a ser parcas ni distantes. Y es armoniosa porque en su arquitectura hay, por sobre todo, proporción y orden. Sus paredes siempre lucirán religiosamente blancas, un espacio apto para caminar.

Si, a Popayán hay que caminarla, silenciosamente. La historia habla en sus calles, no hay que ir a buscar nada, porque su belleza está allí ante los ojos. En una esquina está la torre del reloj, símbolo de la ciudad, de repente ve la Ermita, luego ve la iglesia de Belén, en cada esquina tropieza con iglesias y hoteles de arquitectura deliciosa, y como no, con su imponente Catedral, testigo de que la ciudad sigue en pie, aún después del desastre del 1981.

Y si está de buenas y la mañana le regala un cielo despejado, puede levantarse al otro día, abrir su ventana y encontrarse con este gigante frente a los ojos, el volcán nevado del Puracé.

A Popayán hay que mirarla, de día y de noche, son cosas bien diferentes. En Popayán a cualquier lado se llega preguntando, los patojos le darán una seña infalible para llegar , a.k.a. “dirección patoja”, que es la costumbre de indicar direcciones en relación con alguna institución o negocio cercano.
 No puede irse por ningún motivo sin comer dulcecitos donde carmelita, dulces típicos de la región, panelitas, tamales, kumis, liberales, y por supuesto las míticas empanadas de pipián.

Como dato curioso, debe saber que la ciudad es el ÚNICO lugar de Latinoamérica que ha sido declarado por la UNESCO como Ciudad de la Gastronomía , no sólo por su gran oferta, sino también porque también hay tradiciones antiquísimas ligadas a su comida: las carantantas, los aplanchados dulces de doña Chepa, una señora de 89 años que los prepara desde hace 72 en el centro histórico: el salpicón que sólo encontrará en otro de los sitios típicos del lugar y que se prepara de la misma manera desde hace 250 años con mora, lulo, guanábana y azúcar y cuya única variación es que el hielo raspado que se usa ya no es traído desde el volcán nevado Puracé.

Visite el Pueblito Patojo, la ermita, el Teatro Guillermo Valencia, el Museo de Historia Natural.   No voy a contarle como llegar allí, pregunte, que en Popayán a todo lado se llega preguntando. Camine por sus calles y vívala. Si Usted es curioso y afable, estas calles y sus habitantes le contarán toda la historia que guardan estas blancas paredes. Váyase por ahí a andar,


Porque a Popayán hay que mirarla y caminarla.


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